LAS TRAMPAS DE LA COMUNICACIÓN

Imagen: [OJOS CURIOSOS], Gloria Quiroga, 2013.
SEPTIEMBRE 2026
LAS TRAMPAS DE LA COMUNICACIÓN
No hace falta elucubrar sobre los problemas que las organizaciones de la comunicación de masas están creando en la sociedad, respecto a la confusión sobre las noticias y la información de todo tipo (científica, filosófica, sociológica, etc.)
Aristóteles ya desarrolló en su tiempo las trampas comunicativas: ad silentio, ad antiqutatem, ad baculum, ad hominen, etc. Como maestro en retórica estudió las formas argumentales de políticos, militares y hombres de alta influencia y riqueza. Luego, ya más tarde, otros autores, como Allport y Postman (The Psychology of Rumor, New York, H.Holt Ed., 1947), elaboraron la “Fórmula de la intensidad del Rumor”. Esta fórmula se estructuraba a través de tres variables: la importancia del mensaje, la ambigüedad de mensaje y la cantidad en circulación del mensaje. Esto significa que la cantidad del Rumor debe tener un cierto interés para la audiencia; en caso contrario, el proyecto tiende a fracasar. Pero también, aunque sea factible para el receptor, el discurso deberá ser ambiguo, en aras a confundir y provocar un incremento del interés (y también un cierto grado de elucubraciones para-lógicas del escuchante). A partir de esta definición, se pueden producir varios resultados: el mensaje es demasiado claro y no posee importancia; el argumento es demasiado difundido y provoca curiosidad entre los receptores, así como discusiones entre ellos, lo que genera un interés e importancia, sin que necesariamente el discurso sea lógico; el argumento, aunque no excesivamente difundido, tiene un alto grado de ambigüedad, lo que va originando lentamente curiosidad entre los receptores, siendo que algunos de ellos intentan, transformando o no el mensaje, ampliar su difusión.
En la actualidad, a través de las nuevas tecnologías de la comunicación, así como de la propiedad de los grandes medios, observamos varios elementos que ponen en riesgo el desarrollo de la información, poniendo en peligro el pensamiento humano y trastocando valores morales y éticos: a) la comunicación tiende a ser masiva (infoxicación, según Alfons Cornella, 1996); b) los argumentarios son para-lógicos, o sea, bien estructurados pero falaces, con intenciones manipulativas; c) la información carece de todo criterio científico, pero se utilizan técnicas de descrédito impulsivo hacia la otra parte o teoría, atendiendo a referencias del desprestigio de las autorías; d) la argumentación no es propia, sino que se utiliza la robótica para elaborarlas, tanto de textos como de discursos orales o ilustraciones (fotografías, dibujos y asimilados). Es decir, en general se intenta encandilar al lector o espectador, afectar a sus emociones y convicciones; por tanto, no se puede hablar de una información correctamente transmitida, no es una comunicación libre, abierta y honesta en la cual el receptor recibe un mensaje ordenado para que él mismo pueda analizar y decidir. Tal vez habría que revisar el balance de la comunicación, pues no por mayor información en circulación exista una mayor sabiduría; sobre todo, si tales informes, entrevistas, artículos, audios, audiovisuales y similares se dirigen al lucro y a intereses políticos y económicos. Quizás este balance se encuentre en quiebra técnica.

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