LA MISERIA SIGUE EN SUDÁN

CRÓNICAS HIPATIA
Texto: CIH
Fuente: Médicos Sin Fronteras (España), septiembre 2026.
Imagen: © Tadeu Andre/MSF. Fátima Saleh Al Fadil le da leche de fórmula a su hijo Al Rasheed Abdullah Ousman, de 18 días, en la unidad de cuidados intensivos neonatales del Hospital Universitario de Zalingei. ¿Comer o ir al médico?
LA MISERIA SIGUE EN SUDÁN
MSF nos hace llegar su informe sobre la situación en Sudán: “En Sudán, el transporte para ir a la clínica más cercana cuesta 2 euros. Para un jornalero en Darfur, eso equivale aproximadamente a dos días de salario. Para muchas familias acudir al centro médico significa elegir literalmente entre pagar el desplazamiento o comprar comida”.
Según la ONG médica (París, 1971 y Barcelona, 1986), con “[…] más de tres años de guerra, el sistema sanitario sudanés ya estaba al límite, pero ahora los graves recortes de financiación internacional están obligando a cerrar centros y reducir servicios esenciales. Para la población, esto supone recorrer distancias más largas y peligrosas para recibir atención y llegar al hospital en un estado mucho más grave”.
El mensaje continúa diciendo que durante “[…] 2021, unas 35 organizaciones humanitarias trabajaban en el campo de refugiados Um Rakuba y sus alrededores, en el Estado de Gadarif. En la actualidad, quedan menos de 10. El campo acoge ahora a unas 17.000 personas, en su mayoría mujeres, niños y niñas”.
El Responsable de Asuntos Humanitarios de la mentada organización, Fabrizio Locuratolo, señala que en el hospital de MSF, ubicado en Um Rakuda, “[…] es el único salvavidas que les queda tanto a los refugiados como a la comunidad sudanesa local”. No obstante, insiste el responsable de MSF, “los recortes […] van mucho más allá de la atención sanitaria […]”, pues la existencia de alimentos decrece “[…] y los programas de protección se están desmantelando, lo que elimina las últimas redes de seguridad y deja a los refugiados completamente desprotegidos”.
Habría que insistir en que los responsables del mundo, estos directores con tantos grupos de consultores y asesores a su lado, fueran a visitar las miserias de nuestro Planeta. Mientras ellos juegan con la política, con directrices basadas en el síndrome MIA (Mediocridad Inoperante Activa), definida por el profesor José Luis González de Rivera (1997, Universidad Autónoma, Madrid), nuestra Tierra se desmorona: la “envidia maligna”, la “necesidad de control”, “el sabotaje” de la información, de los proyectos de buena fe para las sociedades; todo ello, son síntomas de dirigentes mediocres e incompetentes que sólo con un supuesto poder legal deciden cómo debe ser el mundo. Es necesaria una revisión de la formación humana de los individuos para que sepan exactamente a quiénes eligen para dirigirles.
Septiembre, 2026.
CIH

Fundación Guillem Cifre de Colonya Caixa Pollença apoya las actividades del Centro Intercultural Hipatia

